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Tareas domésticas

Desde que trabajo en el consultorio, hasta el momento nunca me faltó un o una paciente que tuviera problemas de convivencia a causa de las tareas domésticas. Como es sabido, las mujeres se quejan de que los varones son negligentes o directamente se resisten a hacer la parte que les toca, y los varones se quejan de que las mujeres se quejan. Todos, por supuesto, esperan que el terapeuta les dé la razón, los apañe, les diga "no merecés que te traten así". Y yo creo que debería colgar un cartel con la frase de Hamlet: "Tratad a cada uno según lo merezca y nadie escapará de una paliza". El primer problema es que cuanto más protestes porque te dejen sola con un trabajo, más odioso parece ese trabajo. Y ya se parte de un trabajo concebido como inferior, así que la protesta agranda el problema y además te carga con el defecto de ser una mujer protestona, quejosa, vaga, mala mujer, PUTA. Les parece que exagero pero créanme: así funciona la mente del varón promedio. En esto ...

Qué me diría el psicólogo

Paciente que vuelve después de un tiempo,  me cuenta que después de dejar la terapia, a veces le pasaba que ante un problema se preguntaba que le hubiera dicho yo, y que en general se imaginaba algo que le le servía para resolver. Si eso era lo que había dejado la terapia, es como decía Lacan: la identificación con el discurso del terapeuta (la expresión original era "el discurso del analista", pero en este caso se puede decir que no hay análisis). Muchos analistas parecen creer que eso se evita con la abstinencia. De tanto pensar en términos de "sujeto", se olvidan que los pacientes son seres vivos. Que los pacientes se identifican es conocido y aprovechado -nadie lo admite, pero la "Psicología de las masas" es uno de los libros más rendidores del sXX. Yo creo que nos paramos poco a asombrarnos de este proceso, que va mucho más allá de la imitación o la adopción de rasgos puntuales. Es tan complejo que determina en muchos casos el éxito académico. Para po...

A seguro se lo llevaron preso

Así como tenemos 44 millones de directores técnicos, tenemos 44 millones de psicoanalistas. Y por supuesto, tenemos un ramillete de explicaciones trilladas a mano para dar cuenta de cualquier situación. Todas estas explicaciones no se despegan del animismo, es decir que remiten cada fenómeno a una causa que siempre es alguna especie de entidad a la vez simple, inanalizable y paradójicamente capaz de provocar los efectos más diversos porque es como el gusano que desafió a Eru cuando el origen del mundo.  Algunos ejemplos de moda: el estrés, la ansiedad, el "estrés postraumático". Son todos términos que de algún lado salieron y se popularizaron. Se diferencian de otro tipo de explicaciones "esencialistas" del tipo "soy fóbico", "soy bipolar", o "soy neurodivergente", que como se ve pasan por la identificación con un tipo especial (esto conecta con los "carácteres de exepción", sobre los que pueden leer un texto muy interesssszzz...

Todos dicen lo mismo.

Estuvo en boca de todos el tema de la violencia. Un señor que es figura pública, referente de la lucha por los Derechos Humanos, agredió a una mujer. Con muy pocas excepciones, el veredicto de la opinión fué "es un violento". Casi nadie se limitó a condenar el acto, sino que todo el mundo parece ver con naturalidad el tipo de atribución del ser, que en el fondo es el mismo que el discurso de la peligrosidad, que se critica en otros lugares. Uno puede repasar las veces que quiera la falacia de afirmación del consecuente, sin que esto cambie nada, porque el mecanismo es otro: en realidad se trata de un chivo emisario. Es un rol social que el grupo asigna a uno de sus miembros para alimentar cierta fantasía de que el problema es esa persona, y que una vez expulsada todo va a andar bien. Necesitan al chivo emisario tanto más cuanto más grandes sean sus propios problemas de los que no pueden ocuparse. Como no soy psicólogo social, no voy a opinar respecto de cómo se maneja esta di...

El novio vegano

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Cómo es que la gente no tiene cuidado? Entre amigos nos preguntamos, nos enojamos, tratamos de pelotudos a los que no se cuidan, con bronca, porque los imprudentes siempre, siempre ponen en riesgo algo más que a sí mismos. Si alguien quisiera ser imprudente sin fastidiar, debería mpezar por poner sus papeles en orden, no tener hijos ni seres vivos que dependan de él, e irse a una montaña bien alta y practicar patinaje por un precipicio. Ya se sabe que en realidad es un mecanismo de adaptación a condiciones de riesgo constantes. Vivir en estado de alerta genera estrés y afecta la salud, además de ser el camino al trastorno adaptativo con ansiedad, depresión o mixto. Llegado cierto punto, parece que es más negocio disociarse de la percepción del peligro y relajarse. Un detalle que hace posible este negocio es que si el peligro es regular y estable, la vigilancia no le agrega mucho. Claro que la otra condición necesaria es que las medidas de protección se hayan vuelto lo suficientemente r...

Hacerse hombres

Quería escribir la crónica de una doble internación, ahora que ya se resolvió. No sabía muy bien qué enfoque darle. Hace meses venimos atrás de estos dos casos, todo el equipo de coordinación, asistente social, psiquiatra, psicólogo, servicio de urgencias psiquiátricas, con la auditoría de la Obra Social y el departamento de legales encima para que "resolvamos". En ambos casos se trata de, como nos gusta decir ahora, consumo problemático de substancias. Así esquivamos el bulto respecto del concepto de adicción, que viene más manoseado que un repasador de cocina.  Ahí nomás está el tema de las internaciones involuntarias, pero de qué sirve discutir uno o dos casos que no se pueden contrastar. Los chicos no están tratando de matarse, ni de matar a nadie. Un poco se ponen en riesgo por ejemplo manoteando un celular de un vecino, que después los viene a buscar con sus amigos queriendo darles una paliza. Se escapan, andan por la calle... Pero eso les pasa porque son tontos, tontos...

Pederastia y pedofilia.

Cada vez que alguien del gremio se anima a señalar esta diferencia, y la importancia de no criminalizar la pedofilia, sino asistir a las personas que tienen esta condición del deseo sexual. Esto es inobjetable tanto desde el punto de vista legal  como desde el punto de vista sanitario:  Desde lo legal no existe, y con buena razón la más mínima posibilidad de castigar un deseo, sólo conductas, y tienen que ser conductas establecidas y descriptas de antemano en la ley. Cansa a veces repetirlo, pero por más que el sentido común nos pida castigos para todo lo que puede llegar a hacer daño, esto está prohibido justamente por los abusos a los que llevó de manera invariable a lo largo de la historia. Claro que cada uno de nosotros se dice "yo a éste lo agarro de una oreja y lo arreglo", pero hay que recordarnos que, pobres ilusos, nunca vamos a estar en posición de hacer eso: siempre va a ser otro el que va a tener EL PODER de agarrar a quien le parezca de una oreja y "arreglar...