Patología de época I
Los deterministas afirman que es imposible pensar por fuera de la "episteme" de la época. Son los mismos que creen que sólo tenemos pensamiento verbal, y concluyen que el lenguaje es la fuente del pensamiento.
De forma parecida razonan los que creen que existen enfermedades mentales propias de cada época. Es una consecuencia de lo primero: si en cada época, o mejor dicho, en cada momento de un proceso histórico, las posibilidades del pensamiento positivo, las formas de racionalidad, quedan determinadas por sus relaciones, también lo ser´n las formas de irracionalidad.
La dura realidad enseña a renunciar a esas ilusiones de orden y comprensibilidad propias de la gente que interactúa sobre todo con textos y con otros aficionados a los mismos. Sólo en esa burbuja de intelectualidad tienen sentido. Si me detengo a denostar esas creencias es porque ofrecen promesas de sentido legitimadas por las instituciones laicas del saber, y los vendedores de ilusiones con mucha facilidad se convierten en facilitadores del poder: quien te dice cómo es el mundo, luego te dice qué hacer. Mi consejo: tratar a los filósofos con cuidado, como si fueran serpientes venenosas. En fin...
En la salud mental pasan dos cosas contradictorias: por un lado hay como una epidemiología estable de algunos cuadros, que se podría llamar "estructural", y que tiene que ver con las posibilidades que tiene una mente de organizarse en alguna medida, que no son infinitas.
Por otro lado, hay síntomas, "presentaciones" y diagnósticos que predominan en cierto momento, y después desaparecen. Y nunca faltan comentaristas que usan esa predominancia para sumar su granito de arena a los relatos que buscan explicar cómo funciona el mundo.
Lo primero que uno tiene que preguntarse es de qué se está hablando. Ah, me encanta el olor a definición de términos por las mañanas (mentira nunca escribo a la mañana). Por ejemplo la gente dice "educación" y no aclara si está pensando en el la calidad del tiempo de la infancia que transcurre en instituciones, en el rendimiento de esa población ante pruebas estandarizadas, o en la cotización relativa de los certificados respectivos emitidos por las instituciones a sus egresados. Así, cuando alguien dice "depresión" no te aclaran si son personas que puntúan alto en la escala de Beck, de adolescentes emo, o de consumidores de antidepresivos.
Lo segundo a cuestionar es con qué muestra se maneja quien dice tal o cual cosa. Es demasiado fácil caer en la ilusión de generalizar lo que vemos a nuestro alrededor, sin pensar que todos vivimos en burbujas sociales muy limitadas, que nuestros amigos, conocidos, clientes, la gente que nos cruzamos por la calle, y hasta con quienes interactuamos en redes sociales son un universo espantosamente sesgado. No es que la muestra sea microscópica, el tamaño no importa, pero tenemos una preselección involuntaria, no intencional, y de hecho ni siquiera controlable.
Así y todo, parece persistir el hecho de que, al menos en grupos sociales específicos, a lo largo del tiempo algunas formas de padecimiento mental se hacen muy frecuentes.
¿Será que se detectan más?¿Realmente hay una correspondencia entre factores históricos y síntomas?¿Tienen los enfermos mentales una historia propia que evoluciona por separado?
Un poco de esto, un poco de aquello.
Primera complicación:
Hay una cosa que tener en cuenta desde el principio: los enfermos mentales son personas. Les pasan todas las mismas cosas que a las personas "sanas". Quiero decir que son inteligentes, tienen todos los problemas que ustedes, pero también, que leen las noticias, hablan entre ellos y con sus médicos, buscan cosas en internet, le preguntan a ChatGPT. Y si tienen una personalidad histérica, se identifican a los síntomas que conocen.
Todo síntoma que sea nombrado, del que se hable, puede ser producido por este mecanismo. No es una simulación, no es una imitación: es una forma de discurso.
En la neurosis, el síntoma es un mensaje.
EN LA NEUROSIS
Y la salvedad: las personas neuróticas TAMBIÉN tienen síntomas ajenos a la neurosis, igualitos, pero orgánicos, o también "actuales".
Segunda complicación:
A la gente sabionda le gusta hacer clasificaciones. Es una forma simplista decir que en toda práctica es muy conveniente tener las cosas ordenadas en cajoncitos mentales por tipos, y siempre que clasificamos realidades, necesitamos un cajoncito donde hay cosas que no entran en otro cajón (CQNEEOC, ja). Esto lo pueden ver en todo tipo de nomencladores: farmacéuticos, aduaneros, prestacionales, etc.
Como el mundo de la salud mental se organiza sobre todo alrededor de las personas que no se acomodan a los cajones que les hacemos, se les presta especial atención a los casos que no encajan, y siempre se está usando o inventando una especie nueva en la taxonomía para agrupar a los pacientes que no responden como se espera.
Así, en cuanto se llegó a una clasificación formal de los delirios crónicos, aparecieron las hordas histéricas a romper los esquemas. Cuando el psicoanálisis se llevó a las histéricas y las convirtió de nuevo en personas normales, se llenaron los sanatorios de esquizofrénicos. Cuando los neuroléticos hicieron de la esquizofrenia una patología de tratamiento ambulatorio, vino la ola de trastornos borderline.
Como el mundo de la salud mental se organiza sobre todo alrededor de las personas que no se acomodan a los cajones que les hacemos, se les presta especial atención a los casos que no encajan, y siempre se está usando o inventando una especie nueva en la taxonomía para agrupar a los pacientes que no responden como se espera.
Así, en cuanto se llegó a una clasificación formal de los delirios crónicos, aparecieron las hordas histéricas a romper los esquemas. Cuando el psicoanálisis se llevó a las histéricas y las convirtió de nuevo en personas normales, se llenaron los sanatorios de esquizofrénicos. Cuando los neuroléticos hicieron de la esquizofrenia una patología de tratamiento ambulatorio, vino la ola de trastornos borderline.
Tercera complicación:
En línea con lo anterior, aparecieron los laboratorios y algunos éxitos de diseño que trajeron la tentación de encontrar clientes para cada producto maravilloso.
En línea con lo anterior, aparecieron los laboratorios y algunos éxitos de diseño que trajeron la tentación de encontrar clientes para cada producto maravilloso.
La aparición de los ISRS o "antidepresivos" trajo una epidemia de depresión. El metilfenidato vino acompañado de un sugestivo auge de los casos de ADHD. Las benzodiacepinas atípicas son excelentes para tratar los trastornos bipolares y de repente mucha gente parece olvidarse el diagnóstico diferencial entre trastornos del humor y trastornos borderline.
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