Cartelitos

 
Mucho antes de que las máquinas pensantes se volvieran populares, la gente ya era víctima del equívoco entre los mensajes escritos y el habla. Donde "habla" vale por toda ocasión en que una persona le habla a otra u otras.
Los hablantes ibéricos carecen de nuestra experiencia donde todo texto escrito "dice". Para ellos, el cartel "pone". De manera que los compadecemos, ponele.
Hoy es muy difícil decirle a la gente que los LLMs (ChatGPT, Claude, Gemini, etc) no les "hablan", que la expresión "preguntarle a ChatGPT" es un abuso de sentido, no sólo porque la mímica antropomórfica ya alcanzó niveles pasmosos, sino también porque los buscadores ya habían obtenido ese status un poco antes, preparando el terreno.
Hace mucho tiempo, alguien descubrió que si la gente apagaba las computadoras simplemente cortando la corriente, podían deteriorarse, así que inventaron un proceso de apagado que emitiera una indicación clara para que el operador supiera que era seguro desconectar el equipo. Y ¿qué forma más clara de dar una indicación que con palabras? ¡Cualquier forma es mas clara que con palabras! Pero vivimos en un mundo donde si se puede hacer, sólo los maricones no lo hacen, así que le pusieron los "cartelitos". Sobre todo en el omnipresente Windows, el programa que allá por 1995 se convirtió directamente en "sistema operativo".
Pero los diseñadores fueron más lejos: con singular astucia definieron que los cartelitos, en lugar de contener información sobre los efectos de cada acción, tuvieran, siempre que fuera posible una redacción en imperativo.
Así se hizo posible el chiste de ese empleado. Porque la máquina no dice nada: tiene un programa que actualiza en pantalla un conjunto de datos de su memoria, en forma de archivo de imagen, que presenta un patrón de formas y colores. Somo nosotros los que "leemos" una frase, un mensaje, una orden.
"Puede apagar el equipo", y el idiota útil va y apaga, jajaja.
Hay una tentación en la que no quiero caer y es tomar el hecho de que en la anécdota citada, alguien se ocupó especialmente de emitir un mensaje engañoso, por un medio específico. Y es que cuando uno empieza a revisar los medios, se da cuenta de que así como la escritura, la articulación fonológica también es un medio, algo que se nota mucho más claro cuando se hablan lenguas extranjeras. Eso puede llevar a alimentar la ilusión de que existe una lengua pura y trascendente que se esconde por detrás de los medios que usamos para transmitirla.
En definitiva, el equívoco es asumir que el mensaje es otra cosa que el medio, que el mensaje es algo verdadero.
En todo caso, mejor preguntarse QUE QUIERE HACER LA PERSONA QUE ESCRIBE SIN MOSTRARSE.

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